Sabor a despedida

Viajo a diario en micro, me encanta imaginar que me voy deslizando en lugar de ir anclada al asiento y que tengo cierto control sobre la velocidad y la dirección. Voy divagando, imaginando mundos, recordando…. Me acompaña, me reconforta su compañía, reduce el abismo entre mi mente y lo real. Observo por la ventana los cerros, árboles, casas, autos y demás micros con un extraño sabor en la boca, veo al paisaje deformarse y acercarse a un precipicio y es cuando siento como si unas pinzas me alzaran y me dejaran fuera de escena; una escena que es parte de mí. Me es arrancada del vientre para permitir el doloroso nacimiento, dejando un extraño vacío, pues luego de nacido ya no hay vuelta atrás, tus pulmones se adaptan al viento y tu alma al frío, sin dejar jamás de buscar el calor.

Vislumbro caminos, opciones que pensé ya no tenía, recursos que creí olvidados… el ser no nace por completo hasta deshecho el cordón, y cada camino le enseña pasos distintos. No importa cual escoja, no es posible impedir el nacimiento, y cuando todos los caminos se sienten como decisivos te das cuenta de que las consecuencias ya no se pueden minimizar.

Ve a probar suerte, a probar nuevos rumbos, ve con calma, llénate de experiencias, de cariño, viajes, abrazos; pues irán contigo, el mundo se abre, prepárate, deslízate…

 

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