Bitácora

Mientras viajaba, mi mente se hundía en miles de sentimientos y pensamientos, las neuronas chocaban estrepitosas haciendo sinapsis para imaginar los posibles desenlaces de cada una de mis decisiones y posibles reacciones ante situaciones desconocidas hasta que las hago callar! Es entonces cuando por la ventana observo campos y bosques de pinos, manchados por reductos de árboles nativos que tristemente me resultaban sorprendentes y poco familiares, casi desentonando y, a la vez, enalteciendo el paisaje. Viajo en soledad, encontrando placer en dejarme llevar por el destino de la máquina. El paisaje se encuentra cubierto por una cortina de novedad a pesar de haberlo recorrido con anterioridad. En los asientos de adelante intento divisar a dos chicas que conversan y sonríen. Mi atención entonces se divide entre el paisaje y la singular pareja. Una de ellas porta un ukelele, mientras la otra lleva unos audífonos grandes, a través de los cuales suena música de 31 minutos. Me produce gracia escucharla cantar alegre y libremente. Su lenguaje corporal denota total confianza y comodidad. Por mi mente cruza con certidumbre la idea de que los viajes así valen la pena. De pronto cada detalle, cada color que observo y cada sonido me resultan perfectos y surrealistas y siento unas inmensas ganas de abrazar, estoy en sintonía con lo que acontece. La chica del ukelele intercambia su instrumento por los audífonos y entonces su acompañante comienza a tocar tarareando y cantando, con una voz ahogada pero melodiosa, canciones que, luego de un momento, logro reconocer como parte de la discografía de Pink Floyd. Nos bajamos en el terminal y las pierdo de vista, maravillada por el pueblo donde me encuentro. Me siento perdida y la gente se da cuenta, me siento, doy vueltas, pregunto, me quedo parada, me hago la weona, miro la hora, me siento. Un anciano campesino se sienta a mi lado y conversamos alegremente durante una hora. Me cuenta de memoria el guión de su vida, denotando las muchas veces que lo ha relatado. Me siento inmersa en sus historias, como si viajase al pasado a observar lo sucedido. Me cuenta del asesinato de un hombre como quien habla de ir a comprar el pan, alegre de que la vida haya hecho justicia con quien años atrás le rompió la nariz por celos injustificados. Me habla de lo inútil del hospital de Yungay, de viajes a Chillán y a Santiago, teñidos por conversaciones con extraños como la que mantiene conmigo. Me habla de sus hijos, de la soledad, de la vida actual; con un discurso machista como para plantarle pelea, pero que me causaba gracia, y la certeza de que una discusión con aquel anciano y sus costumbres era inútil y poco provechosa. Llega el siguiente bus y me despido afectuosamente. En el bus se burlan de mi cara de perdida y de mis preguntas, pero me responden al fin y al cabo. Miro por la ventana ultra urgida intentando reconocer algo del paisaje. Muchas voces dicen “ya estamos cerca” “acá mijita” “bajese acá no más” y pos me lanzo abajo. Doy 3 vueltas en círculos sin saber dónde ir o a quién preguntarle, hasta que me doy cuenta de que bajé en el lugar y momento exacto…

Catarsis

  • “Entre los antiguos griegos, purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica”.
  • “Liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente o el equilibrio nervioso”.

Entregar todo, entregarse… Desconocimos las defensas, nos sentimos livianos sin las pesadas armaduras, tan livianos que soñamos, tan liviana el alma de implicarse totalmente, con cada gota, cada recurso, cada mísero e inútil recurso. Necesitaríamos mil vidas para aprender, mil vidas caminando sobre la tierra, mil vidas además de las mil que ya hemos vivido para comprender, mil vidas para la vida que habitaba en nuestras cabezas.

El dolor golpeó con todo y no quedó más que fluir con él, las defensas ya no estaban, ya no las construíamos con la misma rapidez, ya no deseamos construirlas con la misma rapidez a pesar del miedo. ¿Qué haré ahora? retumbaba como un mantra que nubla la mente ante la falta de respuesta…

Cambia todo cambia y así está sucediendo. La vida gira y nuestras emociones giran con ella. Las tristezas danzan con la alegría y las esperanzas se abrazan a la realidad

Destellos de luz inundaron la pieza, revelaciones, reconstrucción, regreso a la pérdida, regreso al dolor, regreso a la revelación y al destello como una danza, abrazos, eternos abrazos, entrega, esa conocida entrega de la que nos habíamos alejado para refugiarnos en la guarida del aislamiento, aislamiento en el que estábamos sumidos aguantando la respiración, sólo aguantando, aguantando y esperando, esperando tal vez la comprobación de aquella frase cliché de que el tiempo es suficiente, que el tiempo todo lo barre.. el tiempo no sabe cómo operan las mentes extraviadas, me busca, me llama, y no encuentra mi presente, ese presente del que en un momento u otro acabo huyendo, ese presente irreal que reclama ser reconocido.

Fue el inicio de algo, luego de muchos inicios, la apertura a algo, con un toque de integración, con un dejo de nostalgia.. comprender no basta para una mente cansada de la existencia, una mente perdida en el constante mantra de la incertidumbre. Fuimos erizos, agonizando de frío, fuimos cubiertos por mantas de abrazos de quienes aceptaron nuestras espinas, entre nosotros las espinas dejaron de herir y llamaron a tregua por una noche. Entre erizos comprendíamos el sutil lenguaje, y por momentos no podíamos sentir otra cosa que amor, tibio, cálido amor, amor que queríamos compartir, amor que se fundió en el conocimiento y en el reconocimiento del otro, un amor inocente entre tres erizos compañeros capeando el frío, intentando incluir a otros hermanos en la manada para darles un poco de ese brillo cálido que habíamos encontrado, para invitarlos a acercarse y recibir las fugaces chispas de la fogata, hipnotizados y a ratos adictos a sus designios. Tristes erizos que comprendieron inútilmente su naturaleza..  ¿y qué voy a hacer ahora?

Le contestaría…

Es entonces cuando me levanto a escribir, a completar la melodía que me representa. Mi cerebro fracasa, algunos días más que otros, algunos días más caóticamente que otros. Y entonces mi ego se pregunta si una voz , como un eco tal vez lejano, se pregunta por mí, por cómo estoy ahora, para luego ser barrida como un pensamiento burdo que no tiene cabida.

Le contestaría que mi cerebro fracasa, que es un caos algunas veces ininteligible perdido en la ausencia de los días.Que en mi proceso de reciclaje intento reconstruirme cada mañana, luego de sueños esclarecedores a la vez que dañinos, luego de sueños, que es lo remarcable ya que ahora sueño a diario. Que en mi proceso de reciclaje he descubierto cómo la vida fue sistema, funcionamos en respuesta a quién tenemos frente y sus acciones e interpretaciones, y aquello rota en un círculo infinito de policiaje mutuo que nos restó garantías, mermando al ser, mermando la libertad del ser, que he descubierto cómo la sed de autoaniquilación nos ganó la partida… Que la censura y sus tijeras, aprisionan mi cuello incluso en estos momentos.. que el cierre fue valentía, que el cierre despejó implacable todas las dudas, que el cierre nunca fue cierre, que tal vez no hay cabida real a un adiós definitivo.

Le contestaría que a ratos encuentro momentos de paz, de gozo, incluso de felicidad en el simple compartir y crear espacios de consciencia, en luchar junto a desconocidos por causas que movilizan mi alma, que no intento cumplir con las expectativas de nadie, que me he encerrado dentro. Salgo, asomo la cabeza al mundo, comparto, lucho, y me he encerrado dentro, a pesar de ello. Y que mis intentos de compartir con seres queridos fracasan cada día cuando huyo de nuevo a mi guarida solitaria en busca de estabilidad.

Le contestaría que madurez me resulta una palabra vacía, estatal, lejana y en un idioma ajeno, pero que de todos modos la vivo en parte cada día, que no me resulta interesante caer dentro de una etiqueta.Que sufro la tentación de demostrar que he crecido sólo para que no me dañe más el recuerdo, que la incoherencia domina una personalidad en proceso constante de desintegración / integración, que a ratos me siento inútil, culpable, masoquista, pendeja, madura, útil, inteligente, idiota, cumplidora, responsable, dependiente, querible, despreciable, ajena, solitaria, amigable, sociable, ermitaña.

Los he dejado solos, no nos encontramos porque ya no nos buscamos. Entro a las redes sociales sintiéndome adicta a su falsa compañía, para ver entre los conectados un recuerdo, un destello que da la ilusión de que la soledad no es tal, pues no lo es, los amigos están ahí. Para ver un muro vacío, un muro que alimenta rabia, un muro ausente de lo que he decidido anularle para mantener la protección de mi frágil estabilidad.

Le comentaría que voy aprendiendo a estar conmigo misma entre tropiezos, que dentro de todo me quiero y luego me desquiero intentando cambiar hasta volver a mi forma original. Que el no querer repetir los errores de mi(s) padre(s) es una idea que me atormenta cada día, que me quiebra, que ha roto mi alma al momento de ser vomitada en estas palabras.Que siento rabia, que la rabia ahora habita mi cuerpo como una constante voz autodestructiva, que la canalizo en acciones positivas de cambio y resistencia, en amor a otros, en repartir esa inmensa cantidad de amor en otros, en amor a mí misma, en mi propia liberación, en mi propio perdón al no lograr aquella liberación.

Le diría que tengo hermosos recuerdos rondando en mi mente, de días luminosos caminando de la mano, de la derriba de prejuicios, árboles, pájaros surcando el cielo, ríos, camiones, rutas y parajes desconocidos, la emoción de llegar a esa playa que querías mostrarme, la emoción de llegar a casa luego del trabajo, la emoción de hacer el presupuesto, la emoción de meterse a la cama y encontrar paz y ternura, libros, cambios, gata, muebles, olor a nuevo, casas, sueños, proyectos, capacidad de proyectarme, capacidad de luchar por proyectos, capacidad de alcanzar proyectos, reencuentros después de distancias físicas o espirituales, abrazos, complicidad, apoyo, susurros llenos de palabras adictivas, sonrisas, miradas: miles de miradas fijas en el espacio, capaces de detener el tiempo, capaces de devolver el alma al cuerpo, capaces de transmitir vida a un ser que ya no la deseaba consigo, agradecimiento, infinito agradecimiento… Le contestaría que estas palabras no bastan…

Le contestaría: “bien, y tú?”

“Estoy yo”

Pasé caminando por un pasillo antiguo, con las paredes derruidas. Las puertas se encontraban abiertas hacia caminos que suelo recorrer al azar, historias, escenas en tono sepia que se reproducen una y otra vez como fantasmas que juegan a estar vivos, a que existen otra vez, que sienten de nuevo el dolor y la vida, como si intentaran transmitir un mensaje desde otro tiempo, como si al repetirse pudieran mostrar diferentes detalles y perspectivas para ser finalmente comprendidos y descansar en paz. A veces me aventuro y observo aquella danza, intentando encontrar mi papel en lo que acontece, pero existe un peligro, algo hipnótico, algo que invita a quedarse, una obsesiva idea por formar parte nuevamente del cuadro para absorver cada emoción, cada idea, cada silueta.. con la tentación de modificar. Y eso absorve, roba tiempo, roba presente, secuestra las energías y las deja presas junto a cientos de fantasmas que esperan reconocimiento.

Esta vez algo fue diferente, un llamado una voz; y como un salto al vacío comienzo a cerrar una puerta. Las visagras se encuentran oxidadas por la demora y la dejadez del tiempo que nada cura, pero desde el momento en que acerco mi mano al pomo de la puerta una brisa recorre el pasillo, una brisa que al principio congela, que atemoriza; al mismo tiempo conocida e irreconocible. Los fantasmas que hay dentro se encuentran llenos de dolor, temor y confusión, repitiéndose vertiginosos, golpeándose contra las paredes en un intento de escapar, de abandonar la incomodidad de la existencia inexistente y me observan con ira en sus ojos y llanto en el alma; su corazón es un reflejo del mío; su confusión mi perdición; mi olvido del ser, su tortura.

Se da la oportunidad y salgo a enfrentar el mundo con un temor que hace mucho no sentía, salgo a conversar con mis fantasmas, salgo a que me cuenten su versión.. esa que habita en mi cabeza pero que necesita oírse desde afuera, su dolorosa verdad.. y en un principio el golpe de la realidad no permite ser procesado, no puedo hablar, no puedo explicar, no puedo decir todo aquello que iba a decir, solo puedo escuchar reduciéndome a escombros, la presión del tiempo no me permite pensar y llega la hora de irse, de volver a una guarida que no me ofrece protección.

Y en el viaje en micro mis pensamientos se comportan como aquellos fantasmas, confusos y golpeando paredes, y el dolor intenta salir pero lo contengo.. falta poco, ya voy a llegar.. ¿y cuando llegue qué hare? da igual, piensa en llegar, piensa en resistir, en eso… en eso no pienses..

Una llamada por teléfono y mi mente se calma mientras el dolor puede tranquilamente fluir. Comienzo a procesar lo que vi, comienzo a surgir, a verme dentro de toda la masacre “y la imagen no está tan mal” falta algo… esta puerta no cerró y tal vez no cierre por completo, no es mi objetivo ahora.. pero hay otra que se puede cerrar, aprovechando la racha de voluntad me aventuro, y en el proceso me descubro.

Los fantasmas se calman, varios se despiden,  descansan al fin en paz.. comprendo mi valía, comprendo la forma en que veía a los demás y comienzo a aceptarme, comprendo y veo los errores de otros que pensé siempre fueron míos, y surge rabia, una rabia que motiva, una rabia que no se ha ido, ¿y qué harás ahora? – ni puta idea- ¿pero te sientes bien?

– no, me siento mejor de lo que estaba, me siento más yo misma, los cambios son míos, ya no dependen de la marea. Mucho pudo ser distinto, pero no habría sido mi historia…

¿pero estás bien entonces? – ni cerca.. estoy.. yo: “estoy yo” –