Le contestaría…

Es entonces cuando me levanto a escribir, a completar la melodía que me representa. Mi cerebro fracasa, algunos días más que otros, algunos días más caóticamente que otros. Y entonces mi ego se pregunta si una voz , como un eco tal vez lejano, se pregunta por mí, por cómo estoy ahora, para luego ser barrida como un pensamiento burdo que no tiene cabida.

Le contestaría que mi cerebro fracasa, que es un caos algunas veces ininteligible perdido en la ausencia de los días.Que en mi proceso de reciclaje intento reconstruirme cada mañana, luego de sueños esclarecedores a la vez que dañinos, luego de sueños, que es lo remarcable ya que ahora sueño a diario. Que en mi proceso de reciclaje he descubierto cómo la vida fue sistema, funcionamos en respuesta a quién tenemos frente y sus acciones e interpretaciones, y aquello rota en un círculo infinito de policiaje mutuo que nos restó garantías, mermando al ser, mermando la libertad del ser, que he descubierto cómo la sed de autoaniquilación nos ganó la partida… Que la censura y sus tijeras, aprisionan mi cuello incluso en estos momentos.. que el cierre fue valentía, que el cierre despejó implacable todas las dudas, que el cierre nunca fue cierre, que tal vez no hay cabida real a un adiós definitivo.

Le contestaría que a ratos encuentro momentos de paz, de gozo, incluso de felicidad en el simple compartir y crear espacios de consciencia, en luchar junto a desconocidos por causas que movilizan mi alma, que no intento cumplir con las expectativas de nadie, que me he encerrado dentro. Salgo, asomo la cabeza al mundo, comparto, lucho, y me he encerrado dentro, a pesar de ello. Y que mis intentos de compartir con seres queridos fracasan cada día cuando huyo de nuevo a mi guarida solitaria en busca de estabilidad.

Le contestaría que madurez me resulta una palabra vacía, estatal, lejana y en un idioma ajeno, pero que de todos modos la vivo en parte cada día, que no me resulta interesante caer dentro de una etiqueta.Que sufro la tentación de demostrar que he crecido sólo para que no me dañe más el recuerdo, que la incoherencia domina una personalidad en proceso constante de desintegración / integración, que a ratos me siento inútil, culpable, masoquista, pendeja, madura, útil, inteligente, idiota, cumplidora, responsable, dependiente, querible, despreciable, ajena, solitaria, amigable, sociable, ermitaña.

Los he dejado solos, no nos encontramos porque ya no nos buscamos. Entro a las redes sociales sintiéndome adicta a su falsa compañía, para ver entre los conectados un recuerdo, un destello que da la ilusión de que la soledad no es tal, pues no lo es, los amigos están ahí. Para ver un muro vacío, un muro que alimenta rabia, un muro ausente de lo que he decidido anularle para mantener la protección de mi frágil estabilidad.

Le comentaría que voy aprendiendo a estar conmigo misma entre tropiezos, que dentro de todo me quiero y luego me desquiero intentando cambiar hasta volver a mi forma original. Que el no querer repetir los errores de mi(s) padre(s) es una idea que me atormenta cada día, que me quiebra, que ha roto mi alma al momento de ser vomitada en estas palabras.Que siento rabia, que la rabia ahora habita mi cuerpo como una constante voz autodestructiva, que la canalizo en acciones positivas de cambio y resistencia, en amor a otros, en repartir esa inmensa cantidad de amor en otros, en amor a mí misma, en mi propia liberación, en mi propio perdón al no lograr aquella liberación.

Le diría que tengo hermosos recuerdos rondando en mi mente, de días luminosos caminando de la mano, de la derriba de prejuicios, árboles, pájaros surcando el cielo, ríos, camiones, rutas y parajes desconocidos, la emoción de llegar a esa playa que querías mostrarme, la emoción de llegar a casa luego del trabajo, la emoción de hacer el presupuesto, la emoción de meterse a la cama y encontrar paz y ternura, libros, cambios, gata, muebles, olor a nuevo, casas, sueños, proyectos, capacidad de proyectarme, capacidad de luchar por proyectos, capacidad de alcanzar proyectos, reencuentros después de distancias físicas o espirituales, abrazos, complicidad, apoyo, susurros llenos de palabras adictivas, sonrisas, miradas: miles de miradas fijas en el espacio, capaces de detener el tiempo, capaces de devolver el alma al cuerpo, capaces de transmitir vida a un ser que ya no la deseaba consigo, agradecimiento, infinito agradecimiento… Le contestaría que estas palabras no bastan…

Le contestaría: “bien, y tú?”

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