Catarsis

  • “Entre los antiguos griegos, purificación de las pasiones del ánimo mediante las emociones que provoca la contemplación de una situación trágica”.
  • “Liberación o eliminación de los recuerdos que alteran la mente o el equilibrio nervioso”.

Entregar todo, entregarse… Desconocimos las defensas, nos sentimos livianos sin las pesadas armaduras, tan livianos que soñamos, tan liviana el alma de implicarse totalmente, con cada gota, cada recurso, cada mísero e inútil recurso. Necesitaríamos mil vidas para aprender, mil vidas caminando sobre la tierra, mil vidas además de las mil que ya hemos vivido para comprender, mil vidas para la vida que habitaba en nuestras cabezas.

El dolor golpeó con todo y no quedó más que fluir con él, las defensas ya no estaban, ya no las construíamos con la misma rapidez, ya no deseamos construirlas con la misma rapidez a pesar del miedo. ¿Qué haré ahora? retumbaba como un mantra que nubla la mente ante la falta de respuesta…

Cambia todo cambia y así está sucediendo. La vida gira y nuestras emociones giran con ella. Las tristezas danzan con la alegría y las esperanzas se abrazan a la realidad

Destellos de luz inundaron la pieza, revelaciones, reconstrucción, regreso a la pérdida, regreso al dolor, regreso a la revelación y al destello como una danza, abrazos, eternos abrazos, entrega, esa conocida entrega de la que nos habíamos alejado para refugiarnos en la guarida del aislamiento, aislamiento en el que estábamos sumidos aguantando la respiración, sólo aguantando, aguantando y esperando, esperando tal vez la comprobación de aquella frase cliché de que el tiempo es suficiente, que el tiempo todo lo barre.. el tiempo no sabe cómo operan las mentes extraviadas, me busca, me llama, y no encuentra mi presente, ese presente del que en un momento u otro acabo huyendo, ese presente irreal que reclama ser reconocido.

Fue el inicio de algo, luego de muchos inicios, la apertura a algo, con un toque de integración, con un dejo de nostalgia.. comprender no basta para una mente cansada de la existencia, una mente perdida en el constante mantra de la incertidumbre. Fuimos erizos, agonizando de frío, fuimos cubiertos por mantas de abrazos de quienes aceptaron nuestras espinas, entre nosotros las espinas dejaron de herir y llamaron a tregua por una noche. Entre erizos comprendíamos el sutil lenguaje, y por momentos no podíamos sentir otra cosa que amor, tibio, cálido amor, amor que queríamos compartir, amor que se fundió en el conocimiento y en el reconocimiento del otro, un amor inocente entre tres erizos compañeros capeando el frío, intentando incluir a otros hermanos en la manada para darles un poco de ese brillo cálido que habíamos encontrado, para invitarlos a acercarse y recibir las fugaces chispas de la fogata, hipnotizados y a ratos adictos a sus designios. Tristes erizos que comprendieron inútilmente su naturaleza..  ¿y qué voy a hacer ahora?

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