Conexión

Silencio, ojos cerrados, calidez y luz proveniente de decenas de velas encendidas. Surge el lobo, veo sus ojos en mi interior, se acerca a mi y toca mi corazón con su pata, apoyando su cabeza en mi hombro. Cuando lo acaricio es como si acariciara la escencia misma de la vida, de lo presente, amor y comprensión; perdón. Irradia mi energía hacia las demás personas presentes, hacia las personas que amo. Y ese amor no hace sino crecer. Mi lobo las visita, apoya su pata en sus corazones, su cabeza en sus hombros, las abraza y les habla. Es hora de recibir, y la calidez baña y llena mi cuerpo. La luz de la luna se posa en mi cabeza y me siento flotar, una sensación indescriptible de conexión. La llama vive y se mueve mientras le converso los deseos de mi corazón; mi alma es amor y perdón, aprendizaje, entrega. Abro los ojos para ver a todas esas mujeres y hombres renacer conmigo, para fundirnos en genuinos y nutritivos abrazos llenos de palabras de verdadero valor.

El desapego no trata sólo de fluir y dejar ir, olvidar o anular. El desapego no es para mi lo que venden las redes sociales, no es ese discurso de moda de soltar y fluir, no es ese deseo desenfrenado de desprendimiento que parece ser el nuevo objetivo de la humanidad. Para mi eso resulta mas bien el llevar nuestra relación con los bienes de consumo a las relaciones humanas, haciéndolas deshechables. Es una malinterpretación del desapego. Normalmente nos desapegamos mucho más facil de las cosas. Si el televisor de echa a perder, no se intenta arreglar, se va por uno nuevo y mejor

Desapego es amar, se logra en el acto de amar, no en el acto vacío de deshechar. Cuando se logra amar cada vida, cada ser, la propia existencia; comienza el desapego. Primero aplica esa frase cliché, amarse a uno mismo… el problema de que sea un cliché es que las frases hechas no se reflexionan, parecen lindas y se comparten como una especia de estandarte o de posta que alguien mas te entrega para que la lleves contigo, es más dificil llegar a la reflexión profunda, al momento de iluminación de la persona que esboza la primera frase.

La necesidad de afecto es genuina en el ser, natural y bella. A simple vista, o según crianza, aprendemos que la necesidad de autonomía se le contrapone y que esta última es aún mucho mas valiosa, y una conquista mucho más dificil de lograr. El amor hacia una misma nace de la voluntad de amar y del haberse alimentado de amor y aceptación. Al amarnos nos perdonamos, aceptamos las distintas dimensiones de nuestro ser, esas que a veces parecieran oponerse, o caer dentro de una incoherencia incomprensible; aceptamos las mil almas que habitan en nuestro cuerpo y las abrazamos genuinamente. Se traduce en quererse, en cuidarse, en buscar el bienestar pero también el riesgo y el aprendizaje; en asumir lo que necesitamos, lo que deseamos y luchar por ello, en mirarse al espejo cada mañana y sonreir, y decirle a ese reflejo en voz alta un cálido “te amo” con una voz que nace de lo profundo del alma.

Desde ese “amor propio” nace una genuina y equilibrada necesidad de afecto externo, una necesidad animal, esa que compartimos con el perro callejero que menea la cola para recibir una caricia y se va contento y agradecido para luego encontrar alguna otra más en algún otro lugar. Desde ese amor propio y de nuestro amor por el otro podemos expresar nuestra necesidad de afecto sin culpa ni verguenza, puedo pedir, dar o recibir un abrazo o negarme si no lo siento, el abrazo que entrego puede ser genuino y puedo permitirme el recibir amor del abrazo genuino que me de otro ser. Puedo percibir el amor en alguna palabra, en una mirada, en un saludo, una sonrisa, una melodía, en esa energía que emana de los buenos deseos de alguien que tal vez por algún instante piensa en mí, en los colores, las formas y el movimiento.

Recién ahí comienza a surgir el desapego…