Es indescriptible la sensacion de que si acabara todo ahora no sería precisamente desesperación lo que sentiría. A pocos meses de cumplir el primer cuarto de siglo, ronda en mi cabeza la fuerte certeza de haber recorrido un camino tan largo que no alcanza en una sola vida. Todo lo demás es una especie de bonus extra, como si fuera parte de una vida 2.0. Me iría satisfecha de haber experimentado con inaudita intensidad cada emoción, cada color, cada sonido. Mi alma se siente liviana y en paz. Miro con humildad cada nuevo aprendizaje, cada semilla de vínculo que nace, sin ese apego extraordinario por las cosas o personas. Es un estado de tranquilidad general, ya que la ansiedad que resulta de percibir todo tan intensamente continua rondando. Existen almas que acompañan mi viaje. El ermitaño en mi interior siempre intenta alejarlas, ya no desde el temor a dañarlas, nunca más desde el miedo, sino que desde la protección de mi escencia, del cuidado con el que ahora me conecto con otros. No he alcanzado nada parecido a la iluminación o a un estado de paz plena, o la superación de todos mis defectos, ni el desprendimiento del ego, ni la vislumbración del paraíso, la conexión de un mártir con lo etéreo… Es mucho más sencillo, la simple satisfacción y reconciliación con lo vivido, desde la cual me permito avanzar. Es algo al interior, una calidez al mirar las huellas que deja mi existencia. Lo anterior no significa nunca que haya acabado en mí el deseo, por el contrario, me permito y busco  experienciar, el aprendizaje, la profundización en mi ser y en lo cotidiano, lo maravilloso, lo desconocido, los detalles, el vuelo y lo terreno. No escribo desde el bienestar, desde la felicidad vacía e inflada. Las palabras fluyen de la simpleza, de la lluvia, de mi perro, de lxs niñxs, de la vida, esa vida dinámica y que parece a ratos tan compleja, esa vida que saboreo con los sentidos al máximo, alterados, ensimismada… pegada, como una pluma en la playa, pegada mirando las olas… pegada poh xD así mismo…