Viaje

Ella se sube al bus en el camino, no la he visto nunca en el terminal, pueden ir más asientos vacíos pero siempre escoge sentarse conmigo por alguna razón hasta que bajamos en el mismo lugar. Miro su teléfono y observo como le escribe cada día a alguien que recibe la etiqueta de “Amor <3″… le escribe hasta que pierde la señal, le escribe alegremente mientras yo me hundo plácidamente en mi miseria, como si fuéramos de dos universos opuestos, y mientras tanto sólo siento ganas de apoyar la cabeza en su hombro, no porque me atraiga de alguna manera; sólo para recordar cómo se siente, como si mi cuerpo rogara por un momento de calidez como ese, un momento completo, diferente al vacío… puedes abrazar, besar, caminar de la mano, conversar de la vida y no deja de ser vacío, no deja de ser incómodo ahora para mí, cada vez… no dejan de dar ganas de sacudirse y quitarse todo de encima… ¿Qué más se puede hacer? y duele ser sacado de encima… y se sabe que le dolerá pero se extirpa.. y la soledad que queda sólo recuerda ese vacío, y la necesidad de recostar mi cabeza sobre su hombro entonces se mantiene, y sigue viajando todos los días en el mismo bus de las 07:30, y sigo sin conocerla, sin saber nada más además del hecho de que tiene un “amor” en su whastapp y que me mira a ratos y evade la mirada, que un día me hablo para disculparse por sentarse sobre mi cartera, y que no pude procesar su voz… que las heridas se abren y el vacío aplasta, que me bajo y me pongo el chip laboral y el vacío se me olvida en el frenesí de una nueva jornada laboral, que es amortiguado por la montaña y el bosque, por el verde que observo por la ventana del auto, hasta que los bosques de pinos me despiertan del aletargado sueño y entre sus ramas visulmbro ventanas al pasado, recuerdos traídos por los rayos del sol que logran traspasar la densa capa artificial como si fueran luces de un inmenso proyector… y me transportan, y me veo correr, de la mano… me veo explorando.. hasta que me veo pateando basura y regreso antes de volver a ser parte de la escena, a continuar con la jornada y soportar el calor o el frío del aire acondicionado… y el bosque de pino lo cubre todo hasta donde alcanza la vista por momentos.. Vuelvo a respirar cuando veo el Callaqui, con su resplandor blanco al fondo, y reconozco que no estoy tan lejos del Alto. Y la soledad ya no pesa tanto en el reconocimiento de una distante calidez y amistad, y entonces sonrío… y regreso a Chillán para ver que ella nunca regresa en el mismo bus, y saber que sólo la veré en la mañana para hundirme nuevamente en mi miseria y que tal vez ella logre captar algo de lo que voy escuchando, y vuelva a darme cuenta de que a ratos me observa, y vuelva a cuestionarme el por qué carajo eso me importa.. y vuelva a sentir que tal vez sea alguien interesante, pero que jamás lo sabré, porque seguiré viajando en silencio disfrutando de aquellas notas de melancolía que se deslizan incansables, sujetas a la misma señal intermitente de la que depende ella; ella que no suelta el teléfono en todo el viaje al igual que yo, pero utilizándolo para fines totalmente opuestos…

¡No te da verguenza! ¿Pero cómo es posible? ¿Que has hecho para llegar a ese estado? Ya ni siquiera puedes vivir entre la gente… Cuando pienso que prefieres cualquier cosa a encontrarte contigo mismo… ¿Cómo es posible que puedas soportar ese vacío?, ¿Por qué te empeñas en llenarlo de nada? Ya no eres capaz de extender una mano, de abrir los brazos; es verdaderamente desesperante, me dan unas ganas de ayudarte…

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