Cordillera

12/01/17

Caminé en busca de los primeros rayos de sol(edad). Salí del sendero principal para encontrar una pequeña huella en dirección a un valle. Me fui adentrando en el más completo silencio, interrumpido tan solo por el canto de las aves. sentía que con cada paso que daba estaba cada vez más presente, me adentraba cada vez más en mi propia esencia. De pronto asoma tímidamente el sol y lo observo hasta que mis ojos son cerrados por el brillo y la calidez que poco a poco bañan mi cuerpo, rodeándolo en una especie de abrazo que me funde con el todo. Soy parte del paisaje, regreso a mi centro, luego de una turbulenta y aplastante oscuridad. Continúo adentrándome hasta divisar el valle y la cordillera, entonces me invade la felicidad y una sensación de satisfacción, de plenitud. Estoy junto a mi lobo y me doy cuenta de que al fin encontramos el verde, luego de un largo caminar por la tierra y piedra infértil de la meseta, el verde valle yace ante nuestros pies. Cada lágrima derramada durante la larga noche era sólo el preámbulo al cambio de estado, al reencuentro con mi lobo y al nuestro con el verde que divisamos tan lejos, inalcanzable. Al fin silencio, al fin paz, al fin un éxtasis indescriptible. Yo era el árbol, la montaña y el brillo, y éstos eran parte de mí. Estaba cerca de esa sensación primigenia y última, y sin embargo llena de vida, y sonreía como idiota, y me abrazaba y acariciaba una y otra vez. El amor estaba presente en cada cosa, cada aspecto…

13/01/17

“Cuando no sepas hacia dónde ir, vuelve sobre tus pasos hasta que encuentres nuevamente el camino”. Jamás me había hecho tanto sentido aquella frase, jamás había sido vital… Me adentré a solas por el sendero. Quería observar y acompañar a la fauna y flora del bosque. Decenas de sapos se esparcen con cada paso que doy y tengo miedo de pisarlos, convirtiendo mi caminar en una escena ridícula en stop motion. Me siento sobre un tronco a observar durante cerca de una hora. Me acompaña una pareja de hermosas lagartijas tomando sol y me impresiona lo cerca que se encuentran de mí, al parecer no les incomoda mi presencia. Me dijeron que provoco eso en los seres vivos, que dan ganas de estar cerca, que a ratos parece como si dejara de existir y deben buscarme para cerciorarse de que sigo ahí; me gusta desaparecer… Mientras tanto las lagartijas comen insectos y descansan junto a mí. Escucho a las aves. La soledad inunda mi ser y me transmite la calma que tanto añoraba. Me encuentro conmigo misma, en grata compañía. Repuestas mis energías y satisfecha, regreso para tomar la ruta que seguí el día anterior y adentrarme en el valle, en lo desconocido. No corresponde a un sendero, encuentro tan sólo huellas de caballo y señales hechas de montones de rocas, entre miles de piedras y arbustos. Luego de dudarlo comienzo a caminar, dejando tras de mí mis propias señales, las cuales se suman a las dejadas por los arrieros que transitan por estas tierras. He salido de la reserva, temerosa de perderme avanzo siguiendo las pisadas de caballos por una ruta sinuosa de la cual no conozco el destino. A poco andar observo que se dirige hacia una montaña. Subo por las rocas, salto cauces de agua y mientras más me adentro, más agradezco las decenas de señales que yacen bajo el sol. Al fin en la cima, una vista maravillosa; estoy a metros de un cordón montañoso, me encuentro lejos, a más de dos horas del campamento en completa soledad. No hay aves en esta explanada, sólo el viento, el vuelo de algunos insectos y mi agitada respiración interrumpen el silencio más profundo que he experimentado.

El sol pega fuerte y sus efectos me convencen de regresar. Es aquí cuando la verdadera aventura comienza. Encontrar el camino de vuelta es más difícil. Señal a señal avanzo y me pierdo 20 veces, vuelvo y retomo el camino correcto hasta que de pronto avanzo demasiado por un escenario totalmente desconocido. El miedo me invade y decido regresar sin encontrar la huella. Imagino mi cuerpo yaciendo en medio de la noche y a los cóndores divisando deseosos mi ultimo suspiro… hey! calma! sigue de vuelta sobre tus propios pasos, el camping está al suroeste, regresa… Luego de caminar bastante encuentro al fin una de mis señales y regreso al camino correcto, adentrándome nuevamente en la reserva, exhausta, con insolación y fatiga, pero orgullosa y feliz.

Mientras estuve sola allá arriba sólo fui presente, sólo existió la naturaleza y yo, experimentando la máxima concentración. Era un animalito más. Estaba viva y luché por mantenerme así…

Traspaso estos escritos un mes después, nubes verticales rodean los cielos de mis días…

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