Vagancia

Todøs hablaban de la lluvia, como si nunca hubiesen visto llover, como si no se deshiciera el cielo cada invierno. “La lluvia me gusta, ojala llueva mucho… pero que pena por los agricultores” “Y qué me pongo?” “Está lloviendo allá?”  “Aca se cae el cielo” Y resulta llamativo el caminar apresurado, løs que llevan gorro, løs que no, løs que usan paraguas, løs que vamos fumando y protegemos el cigarro con la vida, løs que corren, løs que caminan, løs que miran hacia arriba y respiran, løs que se esconden y se apiñan en los aleros y paraderos, løs que cruzan la calle bajando al metro, a løs que se nos llenan los lentes de gotitas y de ese vapor de enfermo que no quieres respirar, løs que pasan entretenidos en sus autos formando olas, løs que saltan las pozas y løs ya resignados a mojarse, løs que aunque llueva a cántaros estarán siempre secos, los paraguas inútiles en las esquinas y basureros. Voy caminando y el teléfono se cubre de gotas cuando cambio de canción, y me vuelven a preguntar si llueve “esta no es lluvia, es llovizna”. Y se impregna, y subestimada cruza y te traspasa las ropas, y gotea por el cabello haciendo que se te pegue a la cara, el gorro ya inservible se vuelve incómodo, la casaca inútil, la cartera oliendo podridamente a vida, las zapatillas convertidas en esponja, el cuerpo peleando contra las mil infecciones que viajan en el vapor humano que acabas irremediablemente respirando. Y de una forma no muy reluciente pareces salida de un comercial de Tapsin, cagá de risa, casi bailando las canciones, a paso tranquilo. En el metro pareces alma en pena, y con esa pena sientes que te miran, deshecha, no quieres tocar a nadie pero son decenas que te aplastan y acaban empapados de esa lluvia que estás portando, esa de la que rehuían tanto, esa lluvia ácida que permitió por dias respirar, que alimentó a los fantasmas de los árboles que yacen bajo el cemento. Allá no había barro, allá no habían árboles caídos y letreros desprendidos, allá llovió calmo, mientras las gotas que fluian lentas, anónimas, bañaban una ciudad sonámbula y acelerada.  Y en medio voy vagando y pensando, explorando, sin preguntarle a nadie, a lo que venga. Forastera o no, camino sola, pensando en que en cualquier ciudad se repetiría de la misma forma esa escena de vagancia en soledad, en casi cualquier clima, la cosa es caminar, ojalá kilómetros mientras mis piernas resistan,  fluyendo, caminar y descansar en los rojos y los pare, caminar a no juntarse con nadie, alejarse como si los pasos permitieran dejar algo atrás y entro en un trance en el que ya no siento hambre ni sueño, en el que casi me asemejaría a un caballo que corre sin sentir cansancio hasta que lo detiene un último latido….

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s