Carta de navegación

Se dice que la vida es cíclica. Que los eventos se repiten vertiginosos, una y otra vez, hasta que comprendes el mensaje. Escribes, mientras el THC cabalga por tus venas, orgullosa por haber dejado atrás una de tus viejas adicciones.

A veces los mensajes son como el pantallazo azul del computador, cuando estás en la etapa decisiva de un juego de terror. El corte de luz eterno cuando olvidaste comprar velas y no encuentras la billetera. Una avalancha en la cordillera silenciosa que arraza con los árboles de raíces tiernas. Te golpea perplejo en la cara y todas aquellas trizaduras que co-existían en el diamante de tus ojos, se unen en una sola, para luego desintegrarse como los ríos invencibles al llegar al precipicio. En el colapso de vidrios rotos avanzas sin punto de vista.

El pantallazo azul es eterno, es de esos que reinician mil veces el pc, mientras intentas probar todas las opciones inútilmente. Es como si se descompensara, sintiendo que algo se acerca, intentando comunicarlo con numerosas señales de alarma en las que no reparas. Ves que funciona asi que sigues utilizándolo, haciendo lo tuyo. Pero algunos errores del sistema no se detectan facilmente y se malinterpretan, algunos virus se camuflan aparentando que todo está bien, mientras destruyen y modifican.

De la misma forma llegan imágenes intrusivas a tu mente, cual troyanos al interior de la inofensiva madera, imprevisibles, acechantes.

Este dolor no decanta, porque la herida se ha infectado tantas veces que las barreras naturales ceden. Porque no hubo control, no hubo decisión, no hubo deseo, no hubo defensas. Y no hay consuelo cuando tomas los ladrillos temblando y se deshacen en tus manos, y se los lleva el viento de una forma tan suave, tan suave, que no comprendes como aquello pudo ser algo sólido un día. Tal vez fue mera ilusión, como lo es todo en esta inmensa simulación. Tampoco hay consuelo en ello, la realidad, “porque la muerte es mentira, es la vida misma mi herida”. Cuando ese muro lo han derribado estrepitósamente, a pesar de todos los parches que construiste a retazos, en esos oscuros lunes de basura, reciclando migajas olvidadas. Porque le sucede a tantas… porque dicha frase cuesta tanto asimilarla, que se queda huérfana de participio presente y de pronombre personal.

Actualizaste el sistema con una aplicación que te permite comprender tu historial. Entonces observas que hubo virus que dejaste crecer. Compartiste tu existencia sin reparar archivos recientemente dañados. Y hoy cuando el muro ya no existe, volvieron a entrar, volvieron a dañar archivos, intempestuosos, mientras estabas en modo suspensión.

No esperas que se repita, no cuando creías haber descifrado el mensaje, no cuando ya habías aprendido a quienes permitirles estar cerca del debilitado muro de retazos sin temor a que lo destruyeran mientras bajabas la guardia.

Sólo deseas resguardar los pocos archivos que no se vieron dañados de manos extrañas, guardarlos en un baúl para que vivan La Historia Sin Fin, para que la sabiduría les diera consejo y pudieran sentir algo de consuelo en la entropía.

Todo debe ser desfragmentado. Se derrumban tus creencias, la confianza ante el mundo es un delicado cristal empañado de barro. Cuando tienes los pies de barro no deseas cruzar por la alfombra.

Pasó de nuevo, te retumba en la cabeza y se repite en tus pesadillas. La oscuridad es mala compañera, en la oscuridad los cables vuelven a cruzarse, la matrix vuelve a fallar, si no fuera por ustedes, cálidas luces, este navegante ya se habría internado a solas entre las heladas aguas del polo, para que sus fracturadas piernas encontraran al fin descanso.

Los traumas generan laberintos y atalayas. Desde la altura puedes ver un panorama más amplio, pero estás perdida y le dificultas el paso a la benevolencia. Desde afuera llegan unøs pocøs que intentan reagruparse de nuevo, después de caída la torre de naipes, después de la perplejidad.

El mensaje se repitió, vertiginoso, golpeó como un rayo y fundió los interruptores… Y aún cuesta creer que se pueda soportar tal carga. Aunque se repare y se reconstruyan muros, ya nada vuelve a ser igual, nunca nada vuelve a ser igual, avanzamos y mutamos, imparables. Al final todo es experiencia. Viniste al mundo a experienciar, el sentido de la vida lo apostaste en ello, el otro sentido es fortalecernos y apañarnos como familia. Precisamente en esto te fortaleces, la mira se agudiza y te das cuenta que no hay trauma que te quite la inmensa sed por experienciar, porque sigues probando el contacto, pero cada vez más parecida a un cervatillo que se acerca cauteloso, para diferenciar con su olfato si aquello es el arma del cazador o una rosa. El jardín vuelve a crecer, para sostenerte y amortiguar las filosas rocas, pero la desfragmentación ha de continuar hasta que todo el sistema planetario pueda ajustarse, y de esa forma cada estrella encuentre su lugar, para que el ojo entrenado pueda saber dirigir su barco, a través de los arrecifes.

Luces, no nos abandonemos mientras sigamos nutriendo nuestrøs brotes…

Anuncios

Khé?

“Lo que no se dice se traspasa a la siguiente generación” (Ley del silencio)

Se refiere a los conflictos no elaborados por el sujeto, y en contexto familiar, a la no toma de acción en cuanto a las constantes transgresiones que soportamos desde la infancia, en el caso de traumas y abusos, a la mantención del secreto familiar para que sobreviva la fantasiosa idea de familia mantenida en las cabezas de sus miembros…

El trauma genera canales neuronales de procesamiento de la información en los que visiblemente se presentan como más débiles y delgados aquellos que permiten el paso a la información positiva…

Las expectativas ajenas, lo introyectado, los fantasmas y las voces que llenan cada vacío mental y emocional por lo intrínsecamente insoportable que se vuelve con el tiempo. A veces inunda la mente un mundo fantasioso en el que la necesidad de reconocimiento se ve plenamente satisfecha, donde las voces hablan bien de ti y resaltan lo significativa que eres en sus vidas; pero las voces, las “verdaderas”, las que te poseen, se jactan de aquello. Son voces con rostro, que se aparecen corpóreas e intensamente realistas en los sueños, para luego ser despejada en el análisis de esas pocas secuencias oníricas que logran dejar una huella en tu memoria, cuando puedes identificar a que voz corresponden. Y esas voces no guardan silencio, porque si el silencio llega hay que pintar la pared con algo, hay que pegarle un recorte sacado de una revista vieja, hay que crearle un universo con luces, hay que inundarlo hasta el olvido que llega intermitente y desconcertante, impulsivo.

Ahora no hay nada en las paredes, ni luces ni imágenes. Hay extrañeza, hay una soledad que entrega una calma distinta, un refugio en un mundo caótico que aún no logras ordenar. A veces se siente como ser tomada y depositada en un lugar. Lo que que se aleja se cubre de frases inseguras, de errores de comprensión, de necesidad reprochada una y otra vez por algunas voces, con exepción de aquellas que siempre te repiten que lo sabían. Una voz en particular que te pregunta y afirma, esa que te toma del brazo y te dice “oye… Si no eres capaz, si se sabía ya” y se burla con la crueldad de un grupo de niños, que te hacen sentir pequeña,que te dice “y para que intentas explicarle? Pa molestar? Borra eso y shhh… Quedate ahí no más, escribes mucho jajaja quien se va a interesar en leer eso, que te tení fe wn, lo enviaste, buena, enviale mas a ver si se aburre de ti antes, si ya sabi que es eso lo que va a pasar”

Hace un tiempo encuentro pautas mas claras de comparación con mi viejo, me pregunto si también escuchará esas voces, si con la edad se libró o se fortalecieron más. El viejo es como el contra ejemplo, la limitante, como no hay que ser, con lo que hay que luchar, porque nos parecemos caleta ya, porque esta lleno de silencios que mantiene y no soporta, y que llena de hojas anexas, de detalles, de laberintos. Jamás se llega a ver realmente algo de lo que hay debajo de forma genuina, hay siempre un intento por conseguir lo que quiere pareciendo lo que no es y pasando por encima de la familia, pero no de los amigos. Jamás de los amigos, los amigos fueron siempre algo valioso, algo por lo que hay que darse a costa de mucho, de los propios límites, da igual si lo quiere hacer o no, si el amigo insistía en que apañara al carrete, aunque se estuviera muriendo iba, porque contra insistencia no podía,porque la insistencia es una trampa, una errada forma de sentirse querido a pesar de ser transgredido. Nunca supo decir que no, porque sus bordes difusos no llegaban a ser tan fuertes, porque derrochaban todo el cariño y la lealtad que le faltó por las grietas enmohecidas. Hasta el día que frenó, y dijo un no tan grande que hace años que no se inundan sus voces, ahora ve tele, peliculas, series documentales… Tal vez las voces cansarán tanto que por eso no procesa voces reales. Sé como se siente esa interferencia, es como un khé? Se habrá acostumbrado, yo me siento mal y me disculpo todavía.

Entonces existe un constante proceso de diferenciación de todas las voces, una lucha interna que agota más que cualquier evento externo estresante…

“A veces sentimos que somos invencibles, otras veces invisibles, creo que para ser realistas estamos en algún punto intermedio. A veces sentimos que no somos nadie, pero todos somos alguien para alguien más. No me preguntes qué quise decir, soy sólo un reflejo de aquello que quieres ver, asi que toma lo que quieras de mí”

https://youtu.be/xXQ0kkVIM0Q

Vagancia

Todøs hablaban de la lluvia, como si nunca hubiesen visto llover, como si no se deshiciera el cielo cada invierno. “La lluvia me gusta, ojala llueva mucho… pero que pena por los agricultores” “Y qué me pongo?” “Está lloviendo allá?”  “Aca se cae el cielo” Y resulta llamativo el caminar apresurado, løs que llevan gorro, løs que no, løs que usan paraguas, løs que vamos fumando y protegemos el cigarro con la vida, løs que corren, løs que caminan, løs que miran hacia arriba y respiran, løs que se esconden y se apiñan en los aleros y paraderos, løs que cruzan la calle bajando al metro, a løs que se nos llenan los lentes de gotitas y de ese vapor de enfermo que no quieres respirar, løs que pasan entretenidos en sus autos formando olas, løs que saltan las pozas y løs ya resignados a mojarse, løs que aunque llueva a cántaros estarán siempre secos, los paraguas inútiles en las esquinas y basureros. Voy caminando y el teléfono se cubre de gotas cuando cambio de canción, y me vuelven a preguntar si llueve “esta no es lluvia, es llovizna”. Y se impregna, y subestimada cruza y te traspasa las ropas, y gotea por el cabello haciendo que se te pegue a la cara, el gorro ya inservible se vuelve incómodo, la casaca inútil, la cartera oliendo podridamente a vida, las zapatillas convertidas en esponja, el cuerpo peleando contra las mil infecciones que viajan en el vapor humano que acabas irremediablemente respirando. Y de una forma no muy reluciente pareces salida de un comercial de Tapsin, cagá de risa, casi bailando las canciones, a paso tranquilo. En el metro pareces alma en pena, y con esa pena sientes que te miran, deshecha, no quieres tocar a nadie pero son decenas que te aplastan y acaban empapados de esa lluvia que estás portando, esa de la que rehuían tanto, esa lluvia ácida que permitió por dias respirar, que alimentó a los fantasmas de los árboles que yacen bajo el cemento. Allá no había barro, allá no habían árboles caídos y letreros desprendidos, allá llovió calmo, mientras las gotas que fluian lentas, anónimas, bañaban una ciudad sonámbula y acelerada.  Y en medio voy vagando y pensando, explorando, sin preguntarle a nadie, a lo que venga. Forastera o no, camino sola, pensando en que en cualquier ciudad se repetiría de la misma forma esa escena de vagancia en soledad, en casi cualquier clima, la cosa es caminar, ojalá kilómetros mientras mis piernas resistan,  fluyendo, caminar y descansar en los rojos y los pare, caminar a no juntarse con nadie, alejarse como si los pasos permitieran dejar algo atrás y entro en un trance en el que ya no siento hambre ni sueño, en el que casi me asemejaría a un caballo que corre sin sentir cansancio hasta que lo detiene un último latido….

Sin título

No te destruyas, escuchas esas melodias y recuerdas con placer como era olvidarse del dolor por un rato, que no era como ahora que aprieta punzante a cada segundo y no te abandona. Cuando fluía un olvido momentaneo por tus venas como una niebla espesa y te rendías ante un abrazo vacío, y jugabas aún con la imaginación de una niña que toma un animal muerto para destrozarlo y verlo reducido a su mínima expresión. Tu corazon se despierta y se retuerce, incondicional. Excesos que ya no se expresan con tanta frecuencia ni intensidad. Te enorgullece la soledad, poder tomar decisiones, combatir la adicción, ser capaz de evaluar las consecuencias; pero a veces, solo a veces, regresan las ganas de dejarse caer. Que paja x.x ….

Libros

Ves patrones y formas en casi todo, estamos hechos para lograr distinguirlos entre la masa ininteligible de información, como cuando vemos caras en la madera, así intentas organizar tu mundo, dándole un sentido aunque te juegue en contra, secuencias que se repiten, reacciones. Un constante dolor de cabeza. Recuerdas que había algo, piensas si alguna vez hubo control, todo parece irreal y ajeno, cuál es la razon? ya no retienes las ideas, la mente divaga, funciona a mil por hora hasta que se queman los cables, estás roto y las piezas de este puzle no encajan. El lobo ya no te acompaña siempre como antes, se queda con otras personas y a ratos vuelve, como intentando transmitirte el sentimiento, asi que caminas sola y te enfocas, volviste a concentrarte, luego el viaje, el frío, la música, el aire tóxico, las vueltas y el pasillo que siempre parece demasiado corto. Las tardes tranquilas son peores…

“And that’s when you realize the book you’re writing in your head will never be a book, so you stop”

Nubes Verticales

Nubes verticales rodean los cielos de mis días… nubes desafiantes que se alzan hacia el espacio, que cubren el oriente como múltiples explosiones, que anuncian la continuidad del caos. Un caos interior y una tempestad exterior de la cual no logro escapar. Atada me encuentro a preceptos que he escogido. La tempestad hace caer pesadas cadenas en lugar de lluvia. Y marco el tiempo, como un guardián. Dejo señales de rocas en la secuencia de mis horas y a veces sigo mis huellas de regreso para encontrar el camino. Para algunos árboles un año no es más que un día…

“Acariciar interminablemente al gato

y autoconvencerme que es sólo esto

una prueba de construcción nocturna

en donde el sueño crea todo

en donde el sueño limpia todo

en donde el sueño cae

y forma pistas que me llevan a algún lugar

entre formas y laberintos

invisibles

aleteo rápidamente

y espío con los ojos abiertos

a la que fui

en esto que hoy

perdidamente

habito.”

20160415_004944

Cordillera

12/01/17

Caminé en busca de los primeros rayos de sol(edad). Salí del sendero principal para encontrar una pequeña huella en dirección a un valle. Me fui adentrando en el más completo silencio, interrumpido tan solo por el canto de las aves. sentía que con cada paso que daba estaba cada vez más presente, me adentraba cada vez más en mi propia esencia. De pronto asoma tímidamente el sol y lo observo hasta que mis ojos son cerrados por el brillo y la calidez que poco a poco bañan mi cuerpo, rodeándolo en una especie de abrazo que me funde con el todo. Soy parte del paisaje, regreso a mi centro, luego de una turbulenta y aplastante oscuridad. Continúo adentrándome hasta divisar el valle y la cordillera, entonces me invade la felicidad y una sensación de satisfacción, de plenitud. Estoy junto a mi lobo y me doy cuenta de que al fin encontramos el verde, luego de un largo caminar por la tierra y piedra infértil de la meseta, el verde valle yace ante nuestros pies. Cada lágrima derramada durante la larga noche era sólo el preámbulo al cambio de estado, al reencuentro con mi lobo y al nuestro con el verde que divisamos tan lejos, inalcanzable. Al fin silencio, al fin paz, al fin un éxtasis indescriptible. Yo era el árbol, la montaña y el brillo, y éstos eran parte de mí. Estaba cerca de esa sensación primigenia y última, y sin embargo llena de vida, y sonreía como idiota, y me abrazaba y acariciaba una y otra vez. El amor estaba presente en cada cosa, cada aspecto…

13/01/17

“Cuando no sepas hacia dónde ir, vuelve sobre tus pasos hasta que encuentres nuevamente el camino”. Jamás me había hecho tanto sentido aquella frase, jamás había sido vital… Me adentré a solas por el sendero. Quería observar y acompañar a la fauna y flora del bosque. Decenas de sapos se esparcen con cada paso que doy y tengo miedo de pisarlos, convirtiendo mi caminar en una escena ridícula en stop motion. Me siento sobre un tronco a observar durante cerca de una hora. Me acompaña una pareja de hermosas lagartijas tomando sol y me impresiona lo cerca que se encuentran de mí, al parecer no les incomoda mi presencia. Me dijeron que provoco eso en los seres vivos, que dan ganas de estar cerca, que a ratos parece como si dejara de existir y deben buscarme para cerciorarse de que sigo ahí; me gusta desaparecer… Mientras tanto las lagartijas comen insectos y descansan junto a mí. Escucho a las aves. La soledad inunda mi ser y me transmite la calma que tanto añoraba. Me encuentro conmigo misma, en grata compañía. Repuestas mis energías y satisfecha, regreso para tomar la ruta que seguí el día anterior y adentrarme en el valle, en lo desconocido. No corresponde a un sendero, encuentro tan sólo huellas de caballo y señales hechas de montones de rocas, entre miles de piedras y arbustos. Luego de dudarlo comienzo a caminar, dejando tras de mí mis propias señales, las cuales se suman a las dejadas por los arrieros que transitan por estas tierras. He salido de la reserva, temerosa de perderme avanzo siguiendo las pisadas de caballos por una ruta sinuosa de la cual no conozco el destino. A poco andar observo que se dirige hacia una montaña. Subo por las rocas, salto cauces de agua y mientras más me adentro, más agradezco las decenas de señales que yacen bajo el sol. Al fin en la cima, una vista maravillosa; estoy a metros de un cordón montañoso, me encuentro lejos, a más de dos horas del campamento en completa soledad. No hay aves en esta explanada, sólo el viento, el vuelo de algunos insectos y mi agitada respiración interrumpen el silencio más profundo que he experimentado.

El sol pega fuerte y sus efectos me convencen de regresar. Es aquí cuando la verdadera aventura comienza. Encontrar el camino de vuelta es más difícil. Señal a señal avanzo y me pierdo 20 veces, vuelvo y retomo el camino correcto hasta que de pronto avanzo demasiado por un escenario totalmente desconocido. El miedo me invade y decido regresar sin encontrar la huella. Imagino mi cuerpo yaciendo en medio de la noche y a los cóndores divisando deseosos mi ultimo suspiro… hey! calma! sigue de vuelta sobre tus propios pasos, el camping está al suroeste, regresa… Luego de caminar bastante encuentro al fin una de mis señales y regreso al camino correcto, adentrándome nuevamente en la reserva, exhausta, con insolación y fatiga, pero orgullosa y feliz.

Mientras estuve sola allá arriba sólo fui presente, sólo existió la naturaleza y yo, experimentando la máxima concentración. Era un animalito más. Estaba viva y luché por mantenerme así…

Traspaso estos escritos un mes después, nubes verticales rodean los cielos de mis días…