Libros

Ves patrones y formas en casi todo, estamos hechos para lograr distinguirlos entre la masa ininteligible de información, como cuando vemos caras en la madera, así intentas organizar tu mundo, dándole un sentido aunque te juegue en contra, secuencias que se repiten, reacciones. Un constante dolor de cabeza. Recuerdas que había algo, piensas si alguna vez hubo control, todo parece irreal y ajeno, cuál es la razon? ya no retienes las ideas, la mente divaga, funciona a mil por hora hasta que se queman los cables, estás roto y las piezas de este puzle no encajan. El lobo ya no te acompaña siempre como antes, se queda con otras personas y a ratos vuelve, como intentando transmitirte el sentimiento, asi que caminas sola y te enfocas, volviste a concentrarte, luego el viaje, el frío, la música, el aire tóxico, las vueltas y el pasillo que siempre parece demasiado corto. Las tardes tranquilas son peores…

“And that’s when you realize the book you’re writing in your head will never be a book, so you stop”

Anuncios

Nubes Verticales

Nubes verticales rodean los cielos de mis días… nubes desafiantes que se alzan hacia el espacio, que cubren el oriente como múltiples explosiones, que anuncian la continuidad del caos. Un caos interior y una tempestad exterior de la cual no logro escapar. Atada me encuentro a preceptos que he escogido. La tempestad hace caer pesadas cadenas en lugar de lluvia. Y marco el tiempo, como un guardián. Dejo señales de rocas en la secuencia de mis horas y a veces sigo mis huellas de regreso para encontrar el camino. Para algunos árboles un año no es más que un día…

“Acariciar interminablemente al gato

y autoconvencerme que es sólo esto

una prueba de construcción nocturna

en donde el sueño crea todo

en donde el sueño limpia todo

en donde el sueño cae

y forma pistas que me llevan a algún lugar

entre formas y laberintos

invisibles

aleteo rápidamente

y espío con los ojos abiertos

a la que fui

en esto que hoy

perdidamente

habito.”

20160415_004944

Cordillera

12/01/17

Caminé en busca de los primeros rayos de sol(edad). Salí del sendero principal para encontrar una pequeña huella en dirección a un valle. Me fui adentrando en el más completo silencio, interrumpido tan solo por el canto de las aves. sentía que con cada paso que daba estaba cada vez más presente, me adentraba cada vez más en mi propia esencia. De pronto asoma tímidamente el sol y lo observo hasta que mis ojos son cerrados por el brillo y la calidez que poco a poco bañan mi cuerpo, rodeándolo en una especie de abrazo que me funde con el todo. Soy parte del paisaje, regreso a mi centro, luego de una turbulenta y aplastante oscuridad. Continúo adentrándome hasta divisar el valle y la cordillera, entonces me invade la felicidad y una sensación de satisfacción, de plenitud. Estoy junto a mi lobo y me doy cuenta de que al fin encontramos el verde, luego de un largo caminar por la tierra y piedra infértil de la meseta, el verde valle yace ante nuestros pies. Cada lágrima derramada durante la larga noche era sólo el preámbulo al cambio de estado, al reencuentro con mi lobo y al nuestro con el verde que divisamos tan lejos, inalcanzable. Al fin silencio, al fin paz, al fin un éxtasis indescriptible. Yo era el árbol, la montaña y el brillo, y éstos eran parte de mí. Estaba cerca de esa sensación primigenia y última, y sin embargo llena de vida, y sonreía como idiota, y me abrazaba y acariciaba una y otra vez. El amor estaba presente en cada cosa, cada aspecto…

13/01/17

“Cuando no sepas hacia dónde ir, vuelve sobre tus pasos hasta que encuentres nuevamente el camino”. Jamás me había hecho tanto sentido aquella frase, jamás había sido vital… Me adentré a solas por el sendero. Quería observar y acompañar a la fauna y flora del bosque. Decenas de sapos se esparcen con cada paso que doy y tengo miedo de pisarlos, convirtiendo mi caminar en una escena ridícula en stop motion. Me siento sobre un tronco a observar durante cerca de una hora. Me acompaña una pareja de hermosas lagartijas tomando sol y me impresiona lo cerca que se encuentran de mí, al parecer no les incomoda mi presencia. Me dijeron que provoco eso en los seres vivos, que dan ganas de estar cerca, que a ratos parece como si dejara de existir y deben buscarme para cerciorarse de que sigo ahí; me gusta desaparecer… Mientras tanto las lagartijas comen insectos y descansan junto a mí. Escucho a las aves. La soledad inunda mi ser y me transmite la calma que tanto añoraba. Me encuentro conmigo misma, en grata compañía. Repuestas mis energías y satisfecha, regreso para tomar la ruta que seguí el día anterior y adentrarme en el valle, en lo desconocido. No corresponde a un sendero, encuentro tan sólo huellas de caballo y señales hechas de montones de rocas, entre miles de piedras y arbustos. Luego de dudarlo comienzo a caminar, dejando tras de mí mis propias señales, las cuales se suman a las dejadas por los arrieros que transitan por estas tierras. He salido de la reserva, temerosa de perderme avanzo siguiendo las pisadas de caballos por una ruta sinuosa de la cual no conozco el destino. A poco andar observo que se dirige hacia una montaña. Subo por las rocas, salto cauces de agua y mientras más me adentro, más agradezco las decenas de señales que yacen bajo el sol. Al fin en la cima, una vista maravillosa; estoy a metros de un cordón montañoso, me encuentro lejos, a más de dos horas del campamento en completa soledad. No hay aves en esta explanada, sólo el viento, el vuelo de algunos insectos y mi agitada respiración interrumpen el silencio más profundo que he experimentado.

El sol pega fuerte y sus efectos me convencen de regresar. Es aquí cuando la verdadera aventura comienza. Encontrar el camino de vuelta es más difícil. Señal a señal avanzo y me pierdo 20 veces, vuelvo y retomo el camino correcto hasta que de pronto avanzo demasiado por un escenario totalmente desconocido. El miedo me invade y decido regresar sin encontrar la huella. Imagino mi cuerpo yaciendo en medio de la noche y a los cóndores divisando deseosos mi ultimo suspiro… hey! calma! sigue de vuelta sobre tus propios pasos, el camping está al suroeste, regresa… Luego de caminar bastante encuentro al fin una de mis señales y regreso al camino correcto, adentrándome nuevamente en la reserva, exhausta, con insolación y fatiga, pero orgullosa y feliz.

Mientras estuve sola allá arriba sólo fui presente, sólo existió la naturaleza y yo, experimentando la máxima concentración. Era un animalito más. Estaba viva y luché por mantenerme así…

Traspaso estos escritos un mes después, nubes verticales rodean los cielos de mis días…

Lluvia

La lluvia siempre me devuelve el alma al cuerpo. Es una sensación extraña, hubo un cambio, algo, no se muy bien cuál fue el desencadenante, sólo sucedió. En un momento comencé a sentir, de nuevo, y es extraño. Es como una apertura a sentir, más que un sentir propiamente tal, y me da vértigo. No tuvo nada que ver con permitirme sentir tampoco, creo que siempre me permito sentir, y por lo mismo fui consciente minuto a minuto de ese cambio, como expectadora y protagonista. Se siente a ratos como si hubiese una herida abierta, es la vulnerabilidad, ahí, como si me hubiese sacado una capa de piel. No sé si puedo abrazar así, siento que si abrazo me fundo, me derrito. Hay algo además en mi cerebro que volvió, retocedió. Esa misma vulnerabilidad hizo retroceder algo, ese algo que me hacía ver valor en mis acciones o en mis palabras, y ahora me da miedo decir cualquier cosa, cuando me da miedo decir cualquier cosa sólo hablo y la verborrea cae como cascada, y siento que de mi boca sólo pueden salir estupideces o cosas que a nadie pueden interesarle. Luchar contra esa introyección es complejo. Los demás por otro lado me resultan fascinantes, las demás*, mejor dicho. Comprender sus vidas, intentar comunicarme, ahora me quedo mirándolas como un zombie en la calle, antes no las percibía. A veces frustra saber que no haré nada al respecto y saber también en el fondo que sí haré algo, sin proponérmelo siquiera, ni idea, suele ser alguna acción, algún impulso, me preocupo luego por las consecuencias, nunca antes…

Siempre es mejor pedir perdón que permiso.

Viaje

Ella se sube al bus en el camino, no la he visto nunca en el terminal, pueden ir más asientos vacíos pero siempre escoge sentarse conmigo por alguna razón hasta que bajamos en el mismo lugar. Miro su teléfono y observo como le escribe cada día a alguien que recibe la etiqueta de “Amor <3″… le escribe hasta que pierde la señal, le escribe alegremente mientras yo me hundo plácidamente en mi miseria, como si fuéramos de dos universos opuestos, y mientras tanto sólo siento ganas de apoyar la cabeza en su hombro, no porque me atraiga de alguna manera; sólo para recordar cómo se siente, como si mi cuerpo rogara por un momento de calidez como ese, un momento completo, diferente al vacío… puedes abrazar, besar, caminar de la mano, conversar de la vida y no deja de ser vacío, no deja de ser incómodo ahora para mí, cada vez… no dejan de dar ganas de sacudirse y quitarse todo de encima… ¿Qué más se puede hacer? y duele ser sacado de encima… y se sabe que le dolerá pero se extirpa.. y la soledad que queda sólo recuerda ese vacío, y la necesidad de recostar mi cabeza sobre su hombro entonces se mantiene, y sigue viajando todos los días en el mismo bus de las 07:30, y sigo sin conocerla, sin saber nada más además del hecho de que tiene un “amor” en su whastapp y que me mira a ratos y evade la mirada, que un día me hablo para disculparse por sentarse sobre mi cartera, y que no pude procesar su voz… que las heridas se abren y el vacío aplasta, que me bajo y me pongo el chip laboral y el vacío se me olvida en el frenesí de una nueva jornada laboral, que es amortiguado por la montaña y el bosque, por el verde que observo por la ventana del auto, hasta que los bosques de pinos me despiertan del aletargado sueño y entre sus ramas visulmbro ventanas al pasado, recuerdos traídos por los rayos del sol que logran traspasar la densa capa artificial como si fueran luces de un inmenso proyector… y me transportan, y me veo correr, de la mano… me veo explorando.. hasta que me veo pateando basura y regreso antes de volver a ser parte de la escena, a continuar con la jornada y soportar el calor o el frío del aire acondicionado… y el bosque de pino lo cubre todo hasta donde alcanza la vista por momentos.. Vuelvo a respirar cuando veo el Callaqui, con su resplandor blanco al fondo, y reconozco que no estoy tan lejos del Alto. Y la soledad ya no pesa tanto en el reconocimiento de una distante calidez y amistad, y entonces sonrío… y regreso a Chillán para ver que ella nunca regresa en el mismo bus, y saber que sólo la veré en la mañana para hundirme nuevamente en mi miseria y que tal vez ella logre captar algo de lo que voy escuchando, y vuelva a darme cuenta de que a ratos me observa, y vuelva a cuestionarme el por qué carajo eso me importa.. y vuelva a sentir que tal vez sea alguien interesante, pero que jamás lo sabré, porque seguiré viajando en silencio disfrutando de aquellas notas de melancolía que se deslizan incansables, sujetas a la misma señal intermitente de la que depende ella; ella que no suelta el teléfono en todo el viaje al igual que yo, pero utilizándolo para fines totalmente opuestos…

¡No te da verguenza! ¿Pero cómo es posible? ¿Que has hecho para llegar a ese estado? Ya ni siquiera puedes vivir entre la gente… Cuando pienso que prefieres cualquier cosa a encontrarte contigo mismo… ¿Cómo es posible que puedas soportar ese vacío?, ¿Por qué te empeñas en llenarlo de nada? Ya no eres capaz de extender una mano, de abrir los brazos; es verdaderamente desesperante, me dan unas ganas de ayudarte…

Es indescriptible la sensacion de que si acabara todo ahora no sería precisamente desesperación lo que sentiría. A pocos meses de cumplir el primer cuarto de siglo, ronda en mi cabeza la fuerte certeza de haber recorrido un camino tan largo que no alcanza en una sola vida. Todo lo demás es una especie de bonus extra, como si fuera parte de una vida 2.0. Me iría satisfecha de haber experimentado con inaudita intensidad cada emoción, cada color, cada sonido. Mi alma se siente liviana y en paz. Miro con humildad cada nuevo aprendizaje, cada semilla de vínculo que nace, sin ese apego extraordinario por las cosas o personas. Es un estado de tranquilidad general, ya que la ansiedad que resulta de percibir todo tan intensamente continua rondando. Existen almas que acompañan mi viaje. El ermitaño en mi interior siempre intenta alejarlas, ya no desde el temor a dañarlas, nunca más desde el miedo, sino que desde la protección de mi escencia, del cuidado con el que ahora me conecto con otros. No he alcanzado nada parecido a la iluminación o a un estado de paz plena, o la superación de todos mis defectos, ni el desprendimiento del ego, ni la vislumbración del paraíso, la conexión de un mártir con lo etéreo… Es mucho más sencillo, la simple satisfacción y reconciliación con lo vivido, desde la cual me permito avanzar. Es algo al interior, una calidez al mirar las huellas que deja mi existencia. Lo anterior no significa nunca que haya acabado en mí el deseo, por el contrario, me permito y busco  experienciar, el aprendizaje, la profundización en mi ser y en lo cotidiano, lo maravilloso, lo desconocido, los detalles, el vuelo y lo terreno. No escribo desde el bienestar, desde la felicidad vacía e inflada. Las palabras fluyen de la simpleza, de la lluvia, de mi perro, de lxs niñxs, de la vida, esa vida dinámica y que parece a ratos tan compleja, esa vida que saboreo con los sentidos al máximo, alterados, ensimismada… pegada, como una pluma en la playa, pegada mirando las olas… pegada poh xD así mismo…

Conexión

Silencio, ojos cerrados, calidez y luz proveniente de decenas de velas encendidas. Surge el lobo, veo sus ojos en mi interior, se acerca a mi y toca mi corazón con su pata, apoyando su cabeza en mi hombro. Cuando lo acaricio es como si acariciara la escencia misma de la vida, de lo presente, amor y comprensión; perdón. Irradia mi energía hacia las demás personas presentes, hacia las personas que amo. Y ese amor no hace sino crecer. Mi lobo las visita, apoya su pata en sus corazones, su cabeza en sus hombros, las abraza y les habla. Es hora de recibir, y la calidez baña y llena mi cuerpo. La luz de la luna se posa en mi cabeza y me siento flotar, una sensación indescriptible de conexión. La llama vive y se mueve mientras le converso los deseos de mi corazón; mi alma es amor y perdón, aprendizaje, entrega. Abro los ojos para ver a todas esas mujeres y hombres renacer conmigo, para fundirnos en genuinos y nutritivos abrazos llenos de palabras de verdadero valor.

El desapego no trata sólo de fluir y dejar ir, olvidar o anular. El desapego no es para mi lo que venden las redes sociales, no es ese discurso de moda de soltar y fluir, no es ese deseo desenfrenado de desprendimiento que parece ser el nuevo objetivo de la humanidad. Para mi eso resulta mas bien el llevar nuestra relación con los bienes de consumo a las relaciones humanas, haciéndolas deshechables. Es una malinterpretación del desapego. Normalmente nos desapegamos mucho más facil de las cosas. Si el televisor de echa a perder, no se intenta arreglar, se va por uno nuevo y mejor

Desapego es amar, se logra en el acto de amar, no en el acto vacío de deshechar. Cuando se logra amar cada vida, cada ser, la propia existencia; comienza el desapego. Primero aplica esa frase cliché, amarse a uno mismo… el problema de que sea un cliché es que las frases hechas no se reflexionan, parecen lindas y se comparten como una especia de estandarte o de posta que alguien mas te entrega para que la lleves contigo, es más dificil llegar a la reflexión profunda, al momento de iluminación de la persona que esboza la primera frase.

La necesidad de afecto es genuina en el ser, natural y bella. A simple vista, o según crianza, aprendemos que la necesidad de autonomía se le contrapone y que esta última es aún mucho mas valiosa, y una conquista mucho más dificil de lograr. El amor hacia una misma nace de la voluntad de amar y del haberse alimentado de amor y aceptación. Al amarnos nos perdonamos, aceptamos las distintas dimensiones de nuestro ser, esas que a veces parecieran oponerse, o caer dentro de una incoherencia incomprensible; aceptamos las mil almas que habitan en nuestro cuerpo y las abrazamos genuinamente. Se traduce en quererse, en cuidarse, en buscar el bienestar pero también el riesgo y el aprendizaje; en asumir lo que necesitamos, lo que deseamos y luchar por ello, en mirarse al espejo cada mañana y sonreir, y decirle a ese reflejo en voz alta un cálido “te amo” con una voz que nace de lo profundo del alma.

Desde ese “amor propio” nace una genuina y equilibrada necesidad de afecto externo, una necesidad animal, esa que compartimos con el perro callejero que menea la cola para recibir una caricia y se va contento y agradecido para luego encontrar alguna otra más en algún otro lugar. Desde ese amor propio y de nuestro amor por el otro podemos expresar nuestra necesidad de afecto sin culpa ni verguenza, puedo pedir, dar o recibir un abrazo o negarme si no lo siento, el abrazo que entrego puede ser genuino y puedo permitirme el recibir amor del abrazo genuino que me de otro ser. Puedo percibir el amor en alguna palabra, en una mirada, en un saludo, una sonrisa, una melodía, en esa energía que emana de los buenos deseos de alguien que tal vez por algún instante piensa en mí, en los colores, las formas y el movimiento.

Recién ahí comienza a surgir el desapego…