Tras el horizonte…

Me hablaron de creatividad. Recordé lo que sentía al escribir, dibujar, pintar o modelar esculturas. Me hablaron del trance al crear música, cómo el mundo se deshace capa a capa, mientras te sumerges y enfocas en aquello que es nuevo, en aquello que nace y toma forma. “Deja que el lapiz te guíe, no dudes una sola palabra, un sólo trazo. Ten siempre una goma a mano para ir borrando aquello que no forma parte de lo dictado por el trazo anterior. Aprende a diferenciar muy bien lo que sobra, para que no dañes nada de la escencia. Luego el dibujo te habla y te cuenta su historia, escucha”

Recuerdas cómo era darle vida a un personaje, mejor dicho, representar su existencia en el papel, pues en tu mente ya habita su pasado, presente y futuro, la complejidad de su emocionalidad, su mundo.

Es diferente al vomitar palabras. Al sacar lo de dentro tu misma tomas forma y te plasmas en el papel, con toda la emocionalidad que acompaña al proceso de exhibirse, de ser visible, ahí, fuera del anonimato y a la vez disfrazada en palabras.

Mucho por decir, mucho habita en el pensamiento que no logra salir del vientre y rodar hacia el pasto, perplejo. Le temes a la avalancha así que guardas silencio. Has perdido la espontaneidad que brindaba el dejarse caer y resbalar por la nieve. Te has llenado de ideas y conversaciones inexistentes, hay rabia y dolor que no dejas salir, domas a los perros y los corriges con severidad.

Aun hay muchos recuerdos y culpas dentro, a pesar de que comienzas a dejar escapar ataduras. Devuelves a la tierra con gratitud aquello que nunca fue tuyo y que te hicieron portar. Aun así el lastre retrasa la marcha. ¿Existe una forma de reparar esto? Una real solución más allá de aprender a vivir con el recuerdo y sus ecos, que retumban en el presente haciendo tambalear las ideas, “el mundo seguro y estable” que nos engaña. Porque estoy llena de conversaciones imaginarias como los diálogos de mis personajes, como el repaso que realiza el actor antes de la presentación. Pero estas obras no verán jamás abrirse el telón, ni oirán el aplauso, ni las iluminarán decenas de focos. Son borradores olvidados en un cajón, que lees soñando con el día de estreno que nunca llegará, porque el público no está preparado para que vean la luz.

Así son guardados, pequeños secretos, dentro de una de esas típicas cajitas para joyas, que colocas en el velador, para abrirla en la oscuridad y no mirar lo que esconden, encontrando sólo las siluetas.

– Intencionó volver a conectarse con el inmenso sentimiento que guardó en una de las cajas, dicen que es el mas grande y puro que ha nacido jamás dentro del universo de sus ojos.

– Un secreto se debe guardar con recelo, la gente malinterpreta todo.

– No es un secreto, se lo ha dicho. Lo guarda para protegerlo. Lo guarda porque fuera hay tinta negra, lo guarda del petróleo y del lastre.

– El lastre que la retrasa es una red inmensa que atrapa todo ¿Cómo se va a salvar en una mísera cajita? ¿Tanto miedo le da perderlo?

– Miedo e ignorancia van juntitos. Teme porque no sabe que algo así no se pierde. Teme que se manche, teme que llegue el ocaso, teme mirar a los ojos y ya no ver.

– Teme enceguecer, se teme a sí misma. Porque el control es ilusión. Al rechazo ya va dejando de temer, ya lo abraza, pero teme que esa libertad vomite intempestuosa, aun teme la herida abierta que no puede cerrar, entre tanta herida abierta que carga.

– Difícil así, ¿asumir que hieres no es mas sencillo?

– ¿Sencillo dices? Lanzar un pájaro de un nido es sencillo, que vuele es otra cosa.

– Este pájaro si que vuela, nació con las alas listas y dispuestas, nació aleteando, creció cantando. Fiel a su escencia, indomable ¡Que vuele! Que no hay quien lo retenga en tierra, que si el petróleo apelmaza las plumas se hará cenizas y resurgirá, fortalecido.

“Existe un lugar, tras el horizonte

Dónde contemplar paisajes por conocer

Y al atardecer las nubes se expanden,

El cielo se ensancha, parece que vuelve a nacer…”

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Locuras transitorias

La locura consumió su mente durante un tiempo. Sus hijos y su esposa comenzaron a temerle, no comprendían sus palabras y dudaban de sus intenciones. Alguien les aconsejo partir, viajar ligeros, pero nunca lo hicieron. La sombra de la locura siempre ronda, como una nube y una sombra alrededor del árbol, afecta a raíz, tronco y ramas. Otros han caído en algo similar, más malévolo. Un dolor indescriptible y contínuo le arrancó su naturaleza, ennegreció su corazón. Sólo palabras ponsoñozas salen de su boca. De vez en cuando vuelve el brillo a sus ojos, como el destello de una estrella fugaz en la noche oscura. Pero ya nadie logra percibirlo. El instinto recomienda mantenerse alejado de las mentes perturbadas, pues a todøs el dolor nos modifica como si fuese un hábil herrero, pero a algunøs les afila sus lenguas y sus estómagos comienzan a alimentarse también de lo único que han conocido con certidumbre.

Dicen que el loco un día conversó con seres de otro mundo, amenazantes y hostiles reflejaron su alma, lanzaron rayos asesinos que sólo él logró ver. Le tenía mucho afecto a ese loco que nada tenía que ver con el mundo estructurado y opaco de los adultos. Él navegaba entre las historias del Señor de Los Anillos, reía espontáneo y abiertamente. Pero algo lograba adivinar en aquel entonces, algo que la inocencia de ese etonces no me permitía vislumbrar con claridad, una sombra detrás de su sonrisa. Él se movía como un fantasma, tal vez sabiéndose ajeno a este mundo, intentando como una especie de Peter Pan de escabullirse con nosotrøs, løs pequeños, a jugar. Y la sombra de su sonrisa probablemente provenía de la comprensión de que tampoco podía pertenecer a nuestro mundo. Dura es la vida de quien no se siente a gusto en su mundo ni en ningún otro. A la mente no le queda mas escape que la fantasía y de esa forma, comenzó a pasar más tiempo en La Historia Sin Fin, hasta que ya no pudo reconocer cuando se encontraba dentro del libro o fuera de él.

Su historia se relata como el cuento de Caperucita Roja, enseñándonos a temerle al lobo de la locura. Pero el lobo habitaba en mi ser desde aquel entonces, como una semilla destinada a germinar ante destellos precisos.

El control no es más que una sombra, una idea, pero jamás se desvanece el temor a perderlo, a dejarse ir. A parpader y de pronto ver otros colores.

Camino justo al borde, haciendo equilibrio, en un limbo. Sin entrar ni salir, sintiendo la niebla en la piel, en la respiración, el frío y la humedad de un bosque enmarañado y antiguo que debe ser recorrido para llegar a destino. Me interno como si siempre hubiese pertenecido a este lugar, sin sentirme perdida, guiada por los ojos del lobo, que se me hace la criatura más maravillosa, el calor y suavidad de su pelaje entregan un poco de alivio en la soledad. Y entre los claros del bosque en una noche de invierno despejada, es posible ver miles de estrellas, hasta la más distante, formando un camino sinuoso. He logrado sentir plenitud en la naturaleza y sus dominios. Poco a poco desaparece la desesperación que antiguamente inundaba la soledad. El reto ahora es compartir y encontrar a la vez espacios para la soledad, porque la tolerancia se desliza rápidamente del corazón si no se la contiene y practica. La paciencia se torna hacia otras cuestiones aparentemente más importantes y el bullicio se vuelve molesto. Buscas entonces la tranquilidad y comienzas a moverte como un fantasma, casi como si siguieras la profecía de la no pertenencia. Pero jamás le has temido del todo a ese lobo ni al dolor que porta, es más, los invitas con frecuencia a tu morada y te comunicas de lobo a lobo y aullan como si nadie mas pudiera oírles, o tal vez ya no te fijas en esas nimiedades. La locura poco a poco nos libera de introyecciones, es esa libertad que trae consigo la que es tan temida. Lo que antiguamente era sabiduría entre los grandes chamanes, que veían en ella la oportunidad de entrar a otros mundos, sabiéndose capaces de entrar y salir cuando les placiera a sí mismos o a las poderosas fuerzas que gobiernan la naturaleza y a las cuales saludaban y reverenciaban.

Hubo también un gran sabio entre los locos que conocí, más libre que cualquiera de nosotrøs, bajo un manto siempre negro camina aún entre løs mortales, indiferente a aquello que les aqueja, preocupado de cuestiones en verdad relevantes, capaz de observar dentro del alma humana con humildad. Decidió entonces alejarse cada vez más de la enferma sociedad, interactuando con ella no más de lo necesario para supervivencia y entretencion. A la vez inmensamente sensible.

Muchøs seres en mi camino me han enseñado a amar la sensibilidad, les encuentro incluso entre esøs locøs de løs que el instinto manda a tener cuidado, incluso entre aquelløs que piensan que son sensibles pero se colocan oscuras gafas para no ver lo que tienen delante y su obra. Incluso entre aquellos que vociferan con facilidad con sus lenguas afiladas. Porque løs locøs son necesarios y naturales en el mundo, nunca como clientes del sistema que mantienen vivo el engranaje farmacéutico, sino como respiros en medio de la opresión, casi como geisers, a pesar de encontrarse muchos de elløs ciegøs ante su sabiduría y lo valioso de su aporte a las grises vidas de quienes creen nunca levantar sus mentes del suelo ni cuando sueñan. En el árbol el loco es la flor que brota, como una oveja negra que cambia el curso de las ramas. Pero dura es la vida que lleva a abrir ese tercer ojo, así como natural es el cauce del río por el que navegan. Intentamos ahogarnos nosotrøs mismøs para que ya no duela. Intentan dormirnøs…

“-No le tengas miedo a lo incierto- Nos susurran løs gatøs por la noche. – porque en lo incierto brillan luces nuevas.”

https://youtu.be/Hux5v-8Luio

Insomnio

Camino por las ruinas de mi propio mundo. Nunca nada vuelve a ser como era. Todo está siempre en constante transformación, pero hubo antes otra época, mucho más cargada de colores… “es de suponer que al duende me lo cargué”.  Tal vez antes sólo era anestesia y los colores que traía el duende eran tan sólo acuarelas, al pasar la lluvia se descubrió. Aun existe luz dentro de las ruinas grises, pero es como si hubiese una nube, una tormenta que avanza y acorta los días, extiende el manto de una noche de invierno sin estrellas. Cuando la luna brilla como hoy vuelves a sentir el calor de los ausentes, la miras y sientes que podrían estar mirándola también… Despierta llueves, cada vez… Sientes el golpe del martillo. Siempre golpea, desde adentro, pero adormecido tu espíritu observas todo como si fuera una película. Jamás habías estado tan cerca de entender, te rodeas de almas en ruinas, almas adormecidas que intentan combatir ante un mundo gigante que intenta aplastar todo rastro de rebelión y esperanza, que vuelca la ira en sus compañerxs y en sí mismxs para que no molesten, para que funcionen y sean un engranaje más en la maquinaria que mueve estas ruinas… y a pesar todo aún aúllas a la luna por tu ventana…

FRODO: I can’t do this, Sam.

SAM: I know. It’s all wrong. By rights we shouldn’t even be here. But we are. It’s like in the great stories, Mr. Frodo. The ones that really mattered. Full of darkness and danger they were. And sometimes you didn’t want to know the end. Because how could the end be happy? How could the world go back to the way it was when so much bad had happened?

But in the end, it’s only a passing thing, this shadow. Even darkness must pass. A new day will come. And when the sun shines it will shine out the clearer. Those were the stories that stayed with you. That meant something. Even if you were too small to understand why. But I think, Mr. Frodo, I do understand. I know now. Folk in those stories had lots of chances of turning back only they didn’t. Because they were holding on to something.

FRODO: What are we holding on to, Sam?

SAM: That there’s some good in this world, Mr. Frodo. And it’s worth fighting for.

Azul

El niño herido juega con una rueda,

Corre en círculos.

Se siente alegre y protegido

bajo la luz azul,

Bajo el agua.

A gusto se siente,

bajo la superficie.

Debajo los sonidos se camuflan,

Puede fluir tranquilo,

Dejarse ir con la corriente

Mientras explora curioso

Como las burbujas que salen de su boca

Suben sigilosas,

Inconscientes de su existencia,

Frágiles,

Presas de fuerzas que las atraen al frío.

El niño herido sabe seguirlas

Para regresar a la superficie.

Encuentra destellos de luz

Que distorsionados atraviesan,

Cálidos.

Imaginas el agua rodeando toda la existencia.

Te sumerges también,

Esperando que algo de ese mundo interior se haga real

Tal vez por eso amas las luces.

Cada día las enciendo al llegar

Para ver al humo subir como las burbujas

Mientras sigilosas salen de mi boca

Y se enredan suavemente.

Se mantiene en el aire

Preso de la indecisión

Hasta que fuerzas invisibles

Lo jalan hacia afuera.

Un ritual

Un silencio

Uno solo,

Constante.

Uno que se rompe y se regenera.

Que a veces despierta junto a los demonios,

Cuando en el primer tercio del dia

Ya no brilla azul,

Ya no genera un destello en sus pequeños y curiosos ojos,

Cuando juega a las escondidas y te mira desde el pasillo.

Cuando llega acompañado de las sombras con las que salió a jugar.

Sus amigos imaginarios

Son memorias inmensas

Que se amoldaron hasta alcanzar una existencia más lúcida,

Y sobre ti se proyectan cuando te envuelve,

Azulada aurora boreal…

Carta de navegación

Se dice que la vida es cíclica. Que los eventos se repiten vertiginosos, una y otra vez, hasta que comprendes el mensaje. Escribes, mientras el THC cabalga por tus venas, orgullosa por haber dejado atrás una de tus viejas adicciones.

A veces los mensajes son como el pantallazo azul del computador, cuando estás en la etapa decisiva de un juego de terror. El corte de luz eterno cuando olvidaste comprar velas y no encuentras la billetera. Una avalancha en la cordillera silenciosa que arraza con los árboles de raíces tiernas. Te golpea perplejo en la cara y todas aquellas trizaduras que co-existían en el diamante de tus ojos, se unen en una sola, para luego desintegrarse como los ríos invencibles al llegar al precipicio. En el colapso de vidrios rotos avanzas sin punto de vista.

El pantallazo azul es eterno, es de esos que reinician mil veces el pc, mientras intentas probar todas las opciones inútilmente. Es como si se descompensara, sintiendo que algo se acerca, intentando comunicarlo con numerosas señales de alarma en las que no reparas. Ves que funciona asi que sigues utilizándolo, haciendo lo tuyo. Pero algunos errores del sistema no se detectan facilmente y se malinterpretan, algunos virus se camuflan aparentando que todo está bien, mientras destruyen y modifican.

De la misma forma llegan imágenes intrusivas a tu mente, cual troyanos al interior de la inofensiva madera, imprevisibles, acechantes.

Este dolor no decanta, porque la herida se ha infectado tantas veces que las barreras naturales ceden. Porque no hubo control, no hubo decisión, no hubo deseo, no hubo defensas. Y no hay consuelo cuando tomas los ladrillos temblando y se deshacen en tus manos, y se los lleva el viento de una forma tan suave, tan suave, que no comprendes como aquello pudo ser algo sólido un día. Tal vez fue mera ilusión, como lo es todo en esta inmensa simulación. Tampoco hay consuelo en ello, la realidad, “porque la muerte es mentira, es la vida misma mi herida”. Cuando ese muro lo han derribado estrepitósamente, a pesar de todos los parches que construiste a retazos, en esos oscuros lunes de basura, reciclando migajas olvidadas. Porque le sucede a tantas… porque dicha frase cuesta tanto asimilarla, que se queda huérfana de participio presente y de pronombre personal.

Actualizaste el sistema con una aplicación que te permite comprender tu historial. Entonces observas que hubo virus que dejaste crecer. Compartiste tu existencia sin reparar archivos recientemente dañados. Y hoy cuando el muro ya no existe, volvieron a entrar, volvieron a dañar archivos, intempestuosos, mientras estabas en modo suspensión.

No esperas que se repita, no cuando creías haber descifrado el mensaje, no cuando ya habías aprendido a quienes permitirles estar cerca del debilitado muro de retazos sin temor a que lo destruyeran mientras bajabas la guardia.

Sólo deseas resguardar los pocos archivos que no se vieron dañados de manos extrañas, guardarlos en un baúl para que vivan La Historia Sin Fin, para que la sabiduría les diera consejo y pudieran sentir algo de consuelo en la entropía.

Todo debe ser desfragmentado. Se derrumban tus creencias, la confianza ante el mundo es un delicado cristal empañado de barro. Cuando tienes los pies de barro no deseas cruzar por la alfombra.

Pasó de nuevo, te retumba en la cabeza y se repite en tus pesadillas. La oscuridad es mala compañera, en la oscuridad los cables vuelven a cruzarse, la matrix vuelve a fallar, si no fuera por ustedes, cálidas luces, este navegante ya se habría internado a solas entre las heladas aguas del polo, para que sus fracturadas piernas encontraran al fin descanso.

Los traumas generan laberintos y atalayas. Desde la altura puedes ver un panorama más amplio, pero estás perdida y le dificultas el paso a la benevolencia. Desde afuera llegan unøs pocøs que intentan reagruparse de nuevo, después de caída la torre de naipes, después de la perplejidad.

El mensaje se repitió, vertiginoso, golpeó como un rayo y fundió los interruptores… Y aún cuesta creer que se pueda soportar tal carga. Aunque se repare y se reconstruyan muros, ya nada vuelve a ser igual, nunca nada vuelve a ser igual, avanzamos y mutamos, imparables. Al final todo es experiencia. Viniste al mundo a experienciar, el sentido de la vida lo apostaste en ello, el otro sentido es fortalecernos y apañarnos como familia. Precisamente en esto te fortaleces, la mira se agudiza y te das cuenta que no hay trauma que te quite la inmensa sed por experienciar, porque sigues probando el contacto, pero cada vez más parecida a un cervatillo que se acerca cauteloso, para diferenciar con su olfato si aquello es el arma del cazador o una rosa. El jardín vuelve a crecer, para sostenerte y amortiguar las filosas rocas, pero la desfragmentación ha de continuar hasta que todo el sistema planetario pueda ajustarse, y de esa forma cada estrella encuentre su lugar, para que el ojo entrenado pueda saber dirigir su barco, a través de los arrecifes.

Luces, no nos abandonemos mientras sigamos nutriendo nuestrøs brotes…

Khé?

“Lo que no se dice se traspasa a la siguiente generación” (Ley del silencio)

Se refiere a los conflictos no elaborados por el sujeto, y en contexto familiar, a la no toma de acción en cuanto a las constantes transgresiones que soportamos desde la infancia, en el caso de traumas y abusos, a la mantención del secreto familiar para que sobreviva la fantasiosa idea de familia mantenida en las cabezas de sus miembros…

El trauma genera canales neuronales de procesamiento de la información en los que visiblemente se presentan como más débiles y delgados aquellos que permiten el paso a la información positiva…

Las expectativas ajenas, lo introyectado, los fantasmas y las voces que llenan cada vacío mental y emocional por lo intrínsecamente insoportable que se vuelve con el tiempo. A veces inunda la mente un mundo fantasioso en el que la necesidad de reconocimiento se ve plenamente satisfecha, donde las voces hablan bien de ti y resaltan lo significativa que eres en sus vidas; pero las voces, las “verdaderas”, las que te poseen, se jactan de aquello. Son voces con rostro, que se aparecen corpóreas e intensamente realistas en los sueños, para luego ser despejada en el análisis de esas pocas secuencias oníricas que logran dejar una huella en tu memoria, cuando puedes identificar a que voz corresponden. Y esas voces no guardan silencio, porque si el silencio llega hay que pintar la pared con algo, hay que pegarle un recorte sacado de una revista vieja, hay que crearle un universo con luces, hay que inundarlo hasta el olvido que llega intermitente y desconcertante, impulsivo.

Ahora no hay nada en las paredes, ni luces ni imágenes. Hay extrañeza, hay una soledad que entrega una calma distinta, un refugio en un mundo caótico que aún no logras ordenar. A veces se siente como ser tomada y depositada en un lugar. Lo que que se aleja se cubre de frases inseguras, de errores de comprensión, de necesidad reprochada una y otra vez por algunas voces, con exepción de aquellas que siempre te repiten que lo sabían. Una voz en particular que te pregunta y afirma, esa que te toma del brazo y te dice “oye… Si no eres capaz, si se sabía ya” y se burla con la crueldad de un grupo de niños, que te hacen sentir pequeña,que te dice “y para que intentas explicarle? Pa molestar? Borra eso y shhh… Quedate ahí no más, escribes mucho jajaja quien se va a interesar en leer eso, que te tení fe wn, lo enviaste, buena, enviale mas a ver si se aburre de ti antes, si ya sabi que es eso lo que va a pasar”

Hace un tiempo encuentro pautas mas claras de comparación con mi viejo, me pregunto si también escuchará esas voces, si con la edad se libró o se fortalecieron más. El viejo es como el contra ejemplo, la limitante, como no hay que ser, con lo que hay que luchar, porque nos parecemos caleta ya, porque esta lleno de silencios que mantiene y no soporta, y que llena de hojas anexas, de detalles, de laberintos. Jamás se llega a ver realmente algo de lo que hay debajo de forma genuina, hay siempre un intento por conseguir lo que quiere pareciendo lo que no es y pasando por encima de la familia, pero no de los amigos. Jamás de los amigos, los amigos fueron siempre algo valioso, algo por lo que hay que darse a costa de mucho, de los propios límites, da igual si lo quiere hacer o no, si el amigo insistía en que apañara al carrete, aunque se estuviera muriendo iba, porque contra insistencia no podía,porque la insistencia es una trampa, una errada forma de sentirse querido a pesar de ser transgredido. Nunca supo decir que no, porque sus bordes difusos no llegaban a ser tan fuertes, porque derrochaban todo el cariño y la lealtad que le faltó por las grietas enmohecidas. Hasta el día que frenó, y dijo un no tan grande que hace años que no se inundan sus voces, ahora ve tele, peliculas, series documentales… Tal vez las voces cansarán tanto que por eso no procesa voces reales. Sé como se siente esa interferencia, es como un khé? Se habrá acostumbrado, yo me siento mal y me disculpo todavía.

Entonces existe un constante proceso de diferenciación de todas las voces, una lucha interna que agota más que cualquier evento externo estresante…

“A veces sentimos que somos invencibles, otras veces invisibles, creo que para ser realistas estamos en algún punto intermedio. A veces sentimos que no somos nadie, pero todos somos alguien para alguien más. No me preguntes qué quise decir, soy sólo un reflejo de aquello que quieres ver, asi que toma lo que quieras de mí”

Vagancia

Todøs hablaban de la lluvia, como si nunca hubiesen visto llover, como si no se deshiciera el cielo cada invierno. “La lluvia me gusta, ojala llueva mucho… pero que pena por los agricultores” “Y qué me pongo?” “Está lloviendo allá?”  “Aca se cae el cielo” Y resulta llamativo el caminar apresurado, løs que llevan gorro, løs que no, løs que usan paraguas, løs que vamos fumando y protegemos el cigarro con la vida, løs que corren, løs que caminan, løs que miran hacia arriba y respiran, løs que se esconden y se apiñan en los aleros y paraderos, løs que cruzan la calle bajando al metro, a løs que se nos llenan los lentes de gotitas y de ese vapor de enfermo que no quieres respirar, løs que pasan entretenidos en sus autos formando olas, løs que saltan las pozas y løs ya resignados a mojarse, løs que aunque llueva a cántaros estarán siempre secos, los paraguas inútiles en las esquinas y basureros. Voy caminando y el teléfono se cubre de gotas cuando cambio de canción, y me vuelven a preguntar si llueve “esta no es lluvia, es llovizna”. Y se impregna, y subestimada cruza y te traspasa las ropas, y gotea por el cabello haciendo que se te pegue a la cara, el gorro ya inservible se vuelve incómodo, la casaca inútil, la cartera oliendo podridamente a vida, las zapatillas convertidas en esponja, el cuerpo peleando contra las mil infecciones que viajan en el vapor humano que acabas irremediablemente respirando. Y de una forma no muy reluciente pareces salida de un comercial de Tapsin, cagá de risa, casi bailando las canciones, a paso tranquilo. En el metro pareces alma en pena, y con esa pena sientes que te miran, deshecha, no quieres tocar a nadie pero son decenas que te aplastan y acaban empapados de esa lluvia que estás portando, esa de la que rehuían tanto, esa lluvia ácida que permitió por dias respirar, que alimentó a los fantasmas de los árboles que yacen bajo el cemento. Allá no había barro, allá no habían árboles caídos y letreros desprendidos, allá llovió calmo, mientras las gotas que fluian lentas, anónimas, bañaban una ciudad sonámbula y acelerada.  Y en medio voy vagando y pensando, explorando, sin preguntarle a nadie, a lo que venga. Forastera o no, camino sola, pensando en que en cualquier ciudad se repetiría de la misma forma esa escena de vagancia en soledad, en casi cualquier clima, la cosa es caminar, ojalá kilómetros mientras mis piernas resistan,  fluyendo, caminar y descansar en los rojos y los pare, caminar a no juntarse con nadie, alejarse como si los pasos permitieran dejar algo atrás y entro en un trance en el que ya no siento hambre ni sueño, en el que casi me asemejaría a un caballo que corre sin sentir cansancio hasta que lo detiene un último latido….